Si te estás cuestionando ir a terapia, probablemente estés en un momento de tu vida en el que estés atravesando algunas dificultades que te impiden encontrar tu bienestar general.
Puede que sientas malestar, tristeza, ansiedad, o que tengas problemas familiares, de pareja, con la comida, de afrontamiento de ciertas situaciones, dificultades para dormir, haber vivido experiencias traumáticas o un largo etcétera, ya que los motivos pueden ser infinitos.
Si sientes que algo te duele, te limita o se repite en tu vida, eso ya es motivo suficiente para pedir ayuda. La terapia no es solo para crisis; también es un espacio de autoconocimiento y crecimiento.
Si últimamente te lo estás planteando es que algo dentro de ti te está diciendo que algo no va bien y eso puede ser una buena pista para acudir a un profesional.
Siempre puedes probar una primera visita para tener una opinión y valoración psicológica, y así ver si hay temas que se pueden abordar para mejorar tu bienestar.
El proceso comienza con una primera sesión donde exploramos tu motivo de consulta, tu historia y tus necesidades actuales. A partir de ahí, construimos un espacio seguro donde puedas comprender lo que te ocurre.
Trabajamos primero regulando el presente y, poco a poco, si es necesario, profundizamos en la raíz emocional del malestar. Cada proceso es único y se adapta al ritmo de la persona.
No existe una duración estándar. Depende del motivo de consulta, la profundidad del trabajo que desees realizar y tus circunstancias personales.
Algunas personas necesitan un acompañamiento breve para resolver una situación concreta. Otras deciden realizar un proceso más profundo. Lo iremos revisando de manera honesta y realista.
Habitualmente las sesiones son semanales, especialmente al inicio del proceso. Aunque, a veces, por ciertas circunstancias se realizan de manera quincenal.
Con el tiempo, y según la evolución, pueden espaciarse.
La regularidad es importante para consolidar el trabajo terapéutico y favorecer cambios estables.
No. Hablar es parte del proceso, pero no es lo único.
Trabajamos también con herramientas emocionales, corporales y experienciales: regulación del sistema nervioso, trabajo con partes, procesamiento del trauma, recursos creativos como cartas proyectivas o Playmobil terapéutico, entre otros.
La terapia es un espacio activo, profundo y adaptado a cada persona.
Es una duda muy común. La confianza no se impone, se construye.
El vínculo terapéutico se crea poco a poco, en un espacio seguro, sin juicio y respetando tus tiempos. No tienes que contar nada para lo que no estés preparada/o. La terapia es un proceso gradual.
Hay veces que somos muy conscientes de lo que nos está ocurriendo y del por qué nos está pasando, e incluso tenemos las herramientas. Por tanto, no vemos necesario una ayuda profesional.
¿Entonces qué pasa? Pues que el que yo tenga todos los elementos no significa que sepa el orden, el momento o el cómo usarlos.
Te pongo un ejemplo propio. Soy psicóloga, me encanta mi profesión y estoy en constante aprendizaje, cualquiera diría que tengo buenas herramientas para afrontar todo. Pues resulta que sí y no, porque al fin y al cabo soy humana y puedo tener herramientas, pero puedo tenerlas bloqueadas o puede que incluso no sean suficientes para mi problema particular.
¿No os ha pasado que veis más fácil la solución de la situación de otra persona que la vuestra propia?
Pues la terapia, el plus que tiene es que esta persona que te está intentando ayudar tiene experiencia y conocimientos para ello. Por eso, yo cuando lo necesito, también busco ayuda profesional.
Tienes varias opciones:
Puedes ir a la sección de contacto o de formulario de citas que ofrece la web y realizar la reserva directamente. Recuerda que si eliges presencial, tienes que indicar en el apartado de notas si quieres presencial en Benalmádena o en Alhaurín el Grande.
Puedes escribir al WhatsApp o llamar al (+34) 676 619 417.
O puedes escribir al correo electrónico melissagarciapsicologia@gmail.com.
Primero generamos regulación y estabilidad. Creamos un espacio donde puedas sentir seguridad y acompañamiento.
Desde ahí, profundizamos en tu historia, en tu sistema de apego y en las experiencias que han dejado huella, integrando herramientas como EMDR, IFS, trabajo con partes y regulación emocional.
Creemos en procesos profundos, sostenidos y transformadores.
Si sientes que este enfoque resuena contigo, estaremos encantadas de escucharte.